Un cuento que escribí hace algún tiempo

agosto 6, 2004
“EL ECLÉCTICO” © Fran J. Saavedra
…. Si, pongo cuatro puntos suspensivos al comienzo. ¿ Pasa algo ?. No sabía como comenzar el relato y después de releer por enésima vez mis esbozos, creo que esta puede ser la mejor forma de empezarlo. Y dadas las características del mismo he pensado que con ello puedo contribuir a desbaratar ya algo los canones impuestos. ¡Ah !, y esto es sólo el principio. Mi nombre no viene a cuento. Para averiguarlo pensad en cualquiera de los que podrían haber sido y nunca lo fueron. Pero ved e intentar comprender lo que me ha movido a cuatripuntear la antes inmaculada hoja de papel.
Entró como una exhalación en la oficina de colocación y de inmediato se dirigió hacia e l mostrador. Un individuo con bigote y mirada inexpresiva lo esperaba amenazante agazapado en un traje estandard comprado en donde se compra de todo. ­ Buenas !. ¿ Ha salido algo de electricista ? -preguntó el recién llegado- – No, por el momento no, pero tiene varias ofertas de fontanero, de peón caminero, de tractorista, de huevero…-Le contestó “el bigotes”- -! Qué casualidad ­. Siempre salen cosas de las que no me interesan. Pues nada, gracias y ya volveré mañana a probar suerte de nuevo.-articuló de nuevo el sujeto- -­ Adios ! -exclamó el primero- -­ Adios, Adios ! -puntualizó el segundo-.
Al salir se fue frustrado un día más a olvidar a una taberna próxima -quiín sabe si estaría allí dispuesta para esa maldita finalidad-. Después de honrar debidamente a Baco se marchó y accidentalmente se vio envuelto en una manifestaci¢n que al parecer propugnaba la Paz…. Nadie sabe cómo fue, pero nuestro protagonista permaneció cinco días en el Hospital entre Pinto y Valdemoro. Mucho más cerca de Valdemoro que de Pinto.
Cuando empezaba a ver otra vez claras las cosas lo echaron del hospital argumentando que el seguro no cubría cierta parte de los gastos médicos y bla bla bla. Lo cierto es que lo despacharon tranquila y diplomáticamente con las heridas a medio curar. Realmente sería necesario creer en brujas para entender lo que ocurrió después. Al llegar a su casa se encontró con otra familia viviendo all. Al pedir explicaciones le contaron una pequeña historieta y como nuestro hombre era una buena persona, habiendo sobrepasado con creces los límites de la ingenuidad, y era un ser sumamente pacífico se marchó sin molestar.
Ya en la calle, paseando recordó que justo aquel día expiraba el plazo para el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana. Miró la hora y como observó que no tenía mucho tiempo se fue corriendo porque este hombre era de esos ciudadanos que ya no quedan, hechos de una pasta especial. Si correría el sujeto que lo paró la policia creyendo que era un ladrón o un terrorista. Como el pobre no llevaba documentación se lo llevaron a la Comisaría y tras tres horas asfixiándole a preguntas lo soltaron. Cuando se dio cuenta de la hora y del plazo empezó a correr, pero paró en seco acordándose de su anterior aventura. “Intentaré pasar desapercibido” -se dijo-. Al doblar una peligrosa esquina unos navajeros le quitaron el poco dinero que llevaba y enfurecidos por esto le pegaron un puntapié en ese lugar que estais pensando, ­ Si !. No sé como pudo recuperarse, pero el caso es que consiguió emprender de nuevo su avance. En una fatídica calle pasó un coche “a toda pastilla” que, según supimos luego, eran atracadores que huían de la policía. Como considero importante esta escena voy a entrar en detalles: Una calle de doble sentido. Nuestro hombre está cruzando y una persona que lo llama creyendo reconocerle, pero se confunde de individuo. Al volverse no se da cuenta del coche que viene que le asesta un tremendo golpetazo y no contentos con esto le dejan un recuerdo de plomo en la pierna. Cuando en cuestión de segundos intenta levantarse le viene por detrás el coche policial que lo embiste de nuevo en un impacto casi mortal, pero tuvo suerte. No perdió la vida como sería lógico pensar. Eso si estuvo en coma profundo doce días, después ya lo trasladaron al hospital de la Prisión a la espera de su recuperación y del juicio que tenía pendiente por omitir el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana.
En la sala de Justicia el fiscal estaba como loco porque allí no pagar el citado impuesto resultaba una falta gravísima. No voy a relatar el juicio porque casi todos ellos son soporíferos. La sentencia: “Culpable” y el veredicto: “Se le quitar el carnet de ciudadano por gamberro y queda condenado a pasar diez años en la carcel del Distrito.
Y ya lleva dos años entre rejas. Si alguien se apiada de este hombre al leer estas líneas, le sugeriría que al menos le llevara tabaco. ­ Ah !. Fuma negro. ——————————————————————————– SEPTIEMBRE DE 1.982
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Un cuento que escribí hace algún tiempo

agosto 6, 2004

“EL ECLÉCTICO” © Fran J. Saavedra

…. Si, pongo cuatro puntos suspensivos al comienzo. ¿ Pasa algo ?.

No sabía como comenzar el relato y después de releer por enésima vez mis esbozos, creo que esta puede ser la mejor forma de empezarlo. Y dadas las características del mismo he pensado que con ello puedo contribuir a desbaratar ya algo los canones impuestos. ¡Ah !, y esto es sólo el principio.

Mi nombre no viene a cuento. Para averiguarlo pensad en cualquiera de los que podrían haber sido y nunca lo fueron. Pero ved e intentar comprender lo que me ha movido a cuatripuntear la antes inmaculada hoja de papel.

Entró como una exhalación en la oficina de colocación y de inmediato se dirigió hacia e l mostrador. Un individuo con bigote y mirada inexpresiva lo esperaba amenazante agazapado en un traje estandard comprado en donde se compra de todo. ­

Buenas !. ¿ Ha salido algo de electricista ? -preguntó el recién llegado-

– No, por el momento no, pero tiene varias ofertas de fontanero, de peón caminero, de tractorista, de huevero…-Le contestó “el bigotes”-

-! Qué casualidad ­. Siempre salen cosas de las que no me interesan. Pues nada, gracias y ya volveré mañana a probar suerte de nuevo.-articuló de nuevo el sujeto-

Adiós ! -exclamó el primero- -­ Adiós, Adiós ! -puntualizó el segundo-.

Al salir se fue frustrado un día más a olvidar a una taberna próxima –quién sabe si estaría allí dispuesta para esa maldita finalidad-. Después de honrar debidamente a Baco se marchó y accidentalmente se vio envuelto en una manifestación que al parecer propugnaba la Paz…. Nadie sabe cómo fue, pero nuestro protagonista permaneció cinco días en el Hospital entre Pinto y Valdemoro. Mucho más cerca de Valdemoro que de Pinto.

Cuando empezaba a ver otra vez claras las cosas lo echaron del hospital argumentando que el seguro no cubría cierta parte de los gastos médicos y bla bla bla. Lo cierto es que lo despacharon tranquila y diplomáticamente con las heridas a medio curar.

Realmente sería necesario creer en brujas para entender lo que ocurrió después. Al llegar a su casa se encontró con otra familia viviendo allí. Al pedir explicaciones le contaron una pequeña historieta y como nuestro hombre era una buena persona, habiendo sobrepasado con creces los límites de la ingenuidad, y era un ser sumamente pacífico se marchó sin molestar.

Ya en la calle, paseando recordó que justo aquel día expiraba el plazo para el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana. Miró la hora y como observó que no tenía mucho tiempo se fue corriendo porque este hombre era de esos ciudadanos que ya no quedan, hechos de una pasta especial. Si correría el sujeto que lo paró la policía creyendo que era un ladrón o un terrorista.

Como el pobre no llevaba documentación se lo llevaron a la Comisaría y tras tres horas asfixiándole a preguntas lo soltaron. Cuando se dio cuenta de la hora y del plazo empezó a correr, pero paró en seco acordándose de su anterior aventura. “Intentaré pasar desapercibido” -se dijo-. Al doblar una peligrosa esquina unos navajeros le quitaron el poco dinero que llevaba y enfurecidos por esto le pegaron un puntapié en ese lugar que estáis pensando, ­ Si !.

No sé como pudo recuperarse, pero el caso es que consiguió emprender de nuevo su avance. En una fatídica calle pasó un coche “a toda pastilla” que, según supimos luego, eran atracadores que huían de la policía. Como considero importante esta escena voy a entrar en detalles: Una calle de doble sentido. Nuestro hombre está cruzando y una persona que lo llama creyendo reconocerle, pero se confunde de individuo. Al volverse no se da cuenta del coche que viene que le asesta un tremendo golpetazo y no contentos con esto le dejan un recuerdo de plomo en la pierna. Cuando en cuestión de segundos intenta levantarse le viene por detrás el coche policial que lo embiste de nuevo en un impacto casi mortal, pero tuvo suerte.

No perdió la vida como sería lógico pensar. Eso si estuvo en coma profundo doce días, después ya lo trasladaron al hospital de la Prisión a la espera de su recuperación y del juicio que tenía pendiente por omitir el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana.

En la sala de Justicia el fiscal estaba como loco porque allí no pagar el citado impuesto resultaba una falta gravísima. No voy a relatar el juicio porque casi todos ellos son soporíferos. La sentencia: “Culpable” y el veredicto: “Se le quitar el carné de ciudadano por gamberro y queda condenado a pasar diez años en la cárcel del Distrito.

Y ya lleva dos años entre rejas. Si alguien se apiada de este hombre al leer estas líneas, le sugeriría que al menos le llevara tabaco. ­ Ah !. Fuma negro.

SEPTIEMBRE DE 1.982


Un cuento que escribí hace algún tiempo

agosto 6, 2004

“EL ECLÉCTICO” © Fran J. Saavedra

…. Si, pongo cuatro puntos suspensivos al comienzo. ¿ Pasa algo ?.

No sabía como comenzar el relato y después de releer por enésima vez mis esbozos, creo que esta puede ser la mejor forma de empezarlo. Y dadas las características del mismo he pensado que con ello puedo contribuir a desbaratar ya algo los canones impuestos. ¡Ah !, y esto es sólo el principio.

Mi nombre no viene a cuento. Para averiguarlo pensad en cualquiera de los que podrían haber sido y nunca lo fueron. Pero ved e intentar comprender lo que me ha movido a cuatripuntear la antes inmaculada hoja de papel.

Entró como una exhalación en la oficina de colocación y de inmediato se dirigió hacia e l mostrador. Un individuo con bigote y mirada inexpresiva lo esperaba amenazante agazapado en un traje estandard comprado en donde se compra de todo. ­

Buenas !. ¿ Ha salido algo de electricista ? -preguntó el recién llegado-

– No, por el momento no, pero tiene varias ofertas de fontanero, de peón caminero, de tractorista, de huevero…-Le contestó “el bigotes”-

-! Qué casualidad ­. Siempre salen cosas de las que no me interesan. Pues nada, gracias y ya volveré mañana a probar suerte de nuevo.-articuló de nuevo el sujeto-

Adiós ! -exclamó el primero- -­ Adiós, Adiós ! -puntualizó el segundo-.

Al salir se fue frustrado un día más a olvidar a una taberna próxima –quién sabe si estaría allí dispuesta para esa maldita finalidad-. Después de honrar debidamente a Baco se marchó y accidentalmente se vio envuelto en una manifestación que al parecer propugnaba la Paz…. Nadie sabe cómo fue, pero nuestro protagonista permaneció cinco días en el Hospital entre Pinto y Valdemoro. Mucho más cerca de Valdemoro que de Pinto.

Cuando empezaba a ver otra vez claras las cosas lo echaron del hospital argumentando que el seguro no cubría cierta parte de los gastos médicos y bla bla bla. Lo cierto es que lo despacharon tranquila y diplomáticamente con las heridas a medio curar.

Realmente sería necesario creer en brujas para entender lo que ocurrió después. Al llegar a su casa se encontró con otra familia viviendo allí. Al pedir explicaciones le contaron una pequeña historieta y como nuestro hombre era una buena persona, habiendo sobrepasado con creces los límites de la ingenuidad, y era un ser sumamente pacífico se marchó sin molestar.

Ya en la calle, paseando recordó que justo aquel día expiraba el plazo para el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana. Miró la hora y como observó que no tenía mucho tiempo se fue corriendo porque este hombre era de esos ciudadanos que ya no quedan, hechos de una pasta especial. Si correría el sujeto que lo paró la policía creyendo que era un ladrón o un terrorista.

Como el pobre no llevaba documentación se lo llevaron a la Comisaría y tras tres horas asfixiándole a preguntas lo soltaron. Cuando se dio cuenta de la hora y del plazo empezó a correr, pero paró en seco acordándose de su anterior aventura. “Intentaré pasar desapercibido” -se dijo-. Al doblar una peligrosa esquina unos navajeros le quitaron el poco dinero que llevaba y enfurecidos por esto le pegaron un puntapié en ese lugar que estáis pensando, ­ Si !.

No sé como pudo recuperarse, pero el caso es que consiguió emprender de nuevo su avance. En una fatídica calle pasó un coche “a toda pastilla” que, según supimos luego, eran atracadores que huían de la policía. Como considero importante esta escena voy a entrar en detalles: Una calle de doble sentido. Nuestro hombre está cruzando y una persona que lo llama creyendo reconocerle, pero se confunde de individuo. Al volverse no se da cuenta del coche que viene que le asesta un tremendo golpetazo y no contentos con esto le dejan un recuerdo de plomo en la pierna. Cuando en cuestión de segundos intenta levantarse le viene por detrás el coche policial que lo embiste de nuevo en un impacto casi mortal, pero tuvo suerte.

No perdió la vida como sería lógico pensar. Eso si estuvo en coma profundo doce días, después ya lo trasladaron al hospital de la Prisión a la espera de su recuperación y del juicio que tenía pendiente por omitir el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana.

En la sala de Justicia el fiscal estaba como loco porque allí no pagar el citado impuesto resultaba una falta gravísima. No voy a relatar el juicio porque casi todos ellos son soporíferos. La sentencia: “Culpable” y el veredicto: “Se le quitar el carné de ciudadano por gamberro y queda condenado a pasar diez años en la cárcel del Distrito.

Y ya lleva dos años entre rejas. Si alguien se apiada de este hombre al leer estas líneas, le sugeriría que al menos le llevara tabaco. ­ Ah !. Fuma negro.

SEPTIEMBRE DE 1.982


Un cuento que escribí hace algún tiempo

agosto 6, 2004
“EL ECLÉCTICO” © Fran J. Saavedra

…. Si, pongo cuatro puntos suspensivos al comienzo. ¿ Pasa algo ?. No sabía como comenzar el relato y después de releer por enésima vez mis esbozos, creo que esta puede ser la mejor forma de empezarlo. Y dadas las características del mismo he pensado que con ello puedo contribuir a desbaratar ya algo los canones impuestos. ¡Ah !, y esto es sólo el principio. Mi nombre no viene a cuento. Para averiguarlo pensad en cualquiera de los que podrían haber sido y nunca lo fueron. Pero ved e intentar comprender lo que me ha movido a cuatripuntear la antes inmaculada hoja de papel.

Entró como una exhalación en la oficina de colocación y de inmediato se dirigió hacia e l mostrador. Un individuo con bigote y mirada inexpresiva lo esperaba amenazante agazapado en un traje estandard comprado en donde se compra de todo. ­ Buenas !. ¿ Ha salido algo de electricista ? -preguntó el recién llegado- – No, por el momento no, pero tiene varias ofertas de fontanero, de peón caminero, de tractorista, de huevero…-Le contestó “el bigotes”- -! Qué casualidad ­. Siempre salen cosas de las que no me interesan. Pues nada, gracias y ya volveré mañana a probar suerte de nuevo.-articuló de nuevo el sujeto- -­ Adios ! -exclamó el primero- -­ Adios, Adios ! -puntualizó el segundo-.

Al salir se fue frustrado un día más a olvidar a una taberna próxima -quiín sabe si estaría allí dispuesta para esa maldita finalidad-. Después de honrar debidamente a Baco se marchó y accidentalmente se vio envuelto en una manifestaci¢n que al parecer propugnaba la Paz…. Nadie sabe cómo fue, pero nuestro protagonista permaneció cinco días en el Hospital entre Pinto y Valdemoro. Mucho más cerca de Valdemoro que de Pinto.

Cuando empezaba a ver otra vez claras las cosas lo echaron del hospital argumentando que el seguro no cubría cierta parte de los gastos médicos y bla bla bla. Lo cierto es que lo despacharon tranquila y diplomáticamente con las heridas a medio curar. Realmente sería necesario creer en brujas para entender lo que ocurrió después. Al llegar a su casa se encontró con otra familia viviendo all. Al pedir explicaciones le contaron una pequeña historieta y como nuestro hombre era una buena persona, habiendo sobrepasado con creces los límites de la ingenuidad, y era un ser sumamente pacífico se marchó sin molestar.

Ya en la calle, paseando recordó que justo aquel día expiraba el plazo para el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana. Miró la hora y como observó que no tenía mucho tiempo se fue corriendo porque este hombre era de esos ciudadanos que ya no quedan, hechos de una pasta especial. Si correría el sujeto que lo paró la policia creyendo que era un ladrón o un terrorista. Como el pobre no llevaba documentación se lo llevaron a la Comisaría y tras tres horas asfixiándole a preguntas lo soltaron. Cuando se dio cuenta de la hora y del plazo empezó a correr, pero paró en seco acordándose de su anterior aventura. “Intentaré pasar desapercibido” -se dijo-. Al doblar una peligrosa esquina unos navajeros le quitaron el poco dinero que llevaba y enfurecidos por esto le pegaron un puntapié en ese lugar que estais pensando, ­ Si !. No sé como pudo recuperarse, pero el caso es que consiguió emprender de nuevo su avance. En una fatídica calle pasó un coche “a toda pastilla” que, según supimos luego, eran atracadores que huían de la policía. Como considero importante esta escena voy a entrar en detalles: Una calle de doble sentido. Nuestro hombre está cruzando y una persona que lo llama creyendo reconocerle, pero se confunde de individuo. Al volverse no se da cuenta del coche que viene que le asesta un tremendo golpetazo y no contentos con esto le dejan un recuerdo de plomo en la pierna. Cuando en cuestión de segundos intenta levantarse le viene por detrás el coche policial que lo embiste de nuevo en un impacto casi mortal, pero tuvo suerte. No perdió la vida como sería lógico pensar. Eso si estuvo en coma profundo doce días, después ya lo trasladaron al hospital de la Prisión a la espera de su recuperación y del juicio que tenía pendiente por omitir el pago del Impuesto de Seguridad Ciudadana.

En la sala de Justicia el fiscal estaba como loco porque allí no pagar el citado impuesto resultaba una falta gravísima. No voy a relatar el juicio porque casi todos ellos son soporíferos. La sentencia: “Culpable” y el veredicto: “Se le quitar el carnet de ciudadano por gamberro y queda condenado a pasar diez años en la carcel del Distrito.

Y ya lleva dos años entre rejas. Si alguien se apiada de este hombre al leer estas líneas, le sugeriría que al menos le llevara tabaco. ­ Ah !. Fuma negro. ——————————————————————————– SEPTIEMBRE DE 1.982