Siria

Siria se encuentra ahora mismo en el ojo del huracán, en el centro de atención, en el foco de todos los protagonismos. 
Este verano fue nuevamente Egipto con su vuelta a la casilla de salida con una nueva dictadura militar y ahora los sirios entran nuevamente en la escena internacional tras el bombardeo con armas químicas de una parte de su población.
Sobre este ataque hay versiones para todos los gustos. En la guerra ya sabes que la verdad es una de las primeras víctimas en caer y cada uno de los dos bandos intenta ganar la baza de la opinión pública con informaciones tendenciosas que incline la balanza, pero lo que está más o menos claro es que el régimen de Al Asad está comenzando a recuperar terreno tras dos años de guerra y que por una u otra razón que sería objeto de otra reflexión, los países que están armando a los rebeldes y fundamentalistas no consiguen doblegar al dictador.
La lógica nos dice que si un bando está ganando la guerra procurará seguir recuperando terreno hasta la victoria final y se abstendrá de crear situaciones extremas que induzcan a intervenir a la comunidad internacional como es el caso del ataque con armas químicas. Las prisas que se tomaron los norteamericanos para anunciar el ataque de escarmiento contra el régimen se han disipado y con la entrada en escena de potentes aliados de los sirios y las crecientes peticiones para que se espere a que los analistas que inspeccionaron el terreno establezcan su dictamen definitivo sobre la autoría, estamos en un calma chicha que únicamente se ve interrumpida por intoxicaciones y declaraciones interesadas.
El caso de Siria es parecido a lo ocurrido en Egipto, con algunas diferencias. El Asad es chiita tiene como aliados a Irán y Rusia y los terroristas de Hezbola y es más o menos laico. En contra tiene a los aliados naturales sunitas, los regímenes medievales del Golfo, Israel que se mantiene a la expectativa y, como castigo y advertencia por el uso de material químico contra la población, al gendarme del mundo, Estados Unidos, junto a sus aliados.
A un sirio normal supongo que le interesará más la dictadura de Al Asad que un régimen fundamentalista que ya están imponiendo los talibanes de Al Qaeda en algunas zonas que han conquistado. 
Es el sino de estos países islámicos. Están viviendo un periodo histórico en el que sólo vale una dictadura a elegir: la de la bota de hierro de los militares o la del burka de hierro de los talibanes. Visto lo visto en los últimos años, no hay otra alternativa que se parezca mínimamente a lo que conocemos como democracia. Quizás imponer la democracia por la fuerza a estos países no sea lo más acertado porque no están en el momento ni en el lugar adecuados para adoptar un sistema de gobierno diferente. En las recientes democratizaciones forzadas en Irak y Afganistán el día que no mueren 50 en atentados, mueren 100 y las luchas tribales, religiosas y políticas no dejan de aumentar.
Llegados a este punto no sé que será lo más acertado, si bombardear al régimen para debilitarlo y que los rebeldes, talibanes y fundamentalistas se hagan con el poder para implantar una dictadura islámica o dejar las cosas como están y que el régimen de Al Asad continúe con sus avances y acabe con toda la oposición para mantener su dictadura militar y política. En cualquiera de los casos la alterntiva es tenebrosa.
La imagen de una ciudad siria en ruinas la encontré en Semana Económica.

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